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Terapia o Coaching ontológico?  Diferencias…

Terapia o Coaching ontológico? Diferencias…

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Ayer platicaba con una amiga que me dice está yendo a terapia porque trae “problemas” con su hijo adolescente. Yo le comenté que si le interesaba una propuesta distinta a lo convencional, que a mí me está funcionando, tenía compañeras que también hacían coaching ontológico como yo y que podían atenderla. Pero me dijo que estaba contenta y viendo resultados; que se sentía muy bien con las pocas sesiones que llevaba y que tan pronto como su hijo y su ex pareja tomaran la terapia, estaba segura que el avance sería más rápido.

Cuando le pregunté si la terapia la tomarían por decisión propia, me dijo que había sido por recomendación del terapeuta. “¡¿Cómo… – le dije- …el terapeuta te recomendó que para que tus cosas se resuelvan tienen que ir también a terapia tu ex y tu hijo?!” y su respuesta fue “sí, esa fue su sugerencia”.

Me quedé perpleja. “Desde la visión del coaching ontológico -le comenté- el trabajo de cambiar lo hacemos nosotros, no los demás; porque aún si los otros no cambian, somos nosotros quienes podemos aprender a relacionarnos con ellos y con las situaciones en nuestra vida, de una manera que nos funcione”.

Piensa en esto: para que tú seas feliz, ¿necesitas que el otro cambie? ¿debes fincar tus ilusiones de tener resultados favorables sólo en la medida en que el otro también decida cambiar? “Seré totalmente feliz cuando mi hijo tome terapia.. cuando mi ex coincida conmigo en la forma de educar a nuestros hijos… cuando los demás hagan lo que tienen que hacer”.

 ¿Y si eso no sucede? ¿Qué pasará? Estás cediéndole tu poder al otro; en este caso, a tu hijo y a tu ex pareja. ¿Por qué? porque lo que el otro decida, piense o haga, está en su ámbito de poder, no en el mío. Y en su ámbito, mi poder es nulo.

Pero,  qué pasaría si en lugar de cederle mi poder a él, yo tomo el poder de mis decisiones y de mi vida, y elijo relacionarme ante eso que mi hijo hace y no me gusta, de una forma distinta? Los cambios sucederán aún a pesar de que él no haga nada, porque todo está en mí y cómo lo percibo yo. Los hechos son neutrales y simplemente adquieren el significado que yo les doy, según mi visión del mundo.  Y cada ser humano, tiene su particular forma de ver el mundo. Suponiendo que somos 8 mil millones de habitantes en este planeta, pues son 8 mil millones de visiones del mundo las que existen. Ni más ni menos.

Yo puedo elegir si algo en la relación con mi hijo me funciona o no me funciona. Pero es mi elección. Yo me quito de la ecuación para ver que mi hijo no me hace nada a mí, que no soy su víctima ni él mi sicario. El simplemente hace lo que hace, y el significado que yo le dé a eso me hará sentir como víctima o como responsable de mi vida, el poder de elegir es mío.

Otra cosa que me sorprendió, fue ver que el terapeuta recomendó que siguiera la comunicación con su ex pareja. Lo primero que pensé, porque conozco bien la historia de ellos y es una de faltas de respeto, fue: cómo podrían entenderse ahora divorciados, si cuando el amor los unía jamás llegaron a acuerdos? Claro que las cosas evolucionan y lo que antes era ahora ya no es. Nada permanece igual para siempre. Pero qué pasaría si el papá tuviera la misma forma de pensar de antes y simplemente ellos no pudieran acordar? Quiere decir que la relación con el hijo seguiría igual de “problemática” porque el papá no se alinea con lo que la mamá quiere y hace, o viceversa? Claro que no tiene que ser así. Nosotros elegimos.

Fincar mis esperanzas de resolver la situación con mi hijo en la medida en que él se involucre en la terapia, y también en la medida del compromiso del otro padre, es cederle el poder a algo exterior afuera de mí. Y eso, me limita, me resta posibilidades de crecer, de salir airoso de la situación. ¿Por qué? Porque la única solución que yo percibo es directamente proporcional al nivel de involucramiento de terceras personas. Y eso, es ceder mi poder. Es hacerme  víctima de la situación, en lugar de responsable.

Yo no le dije que su terapeuta estaba mal porque en coaching no ponemos esa clase de etiquetas; simplemente le compartí que desde la ontología del lenguaje las cosas se veían de distinta manera. Que el coaching ontológico me situaba a mí como el único responsable de mi vida, y yo tenía el poder de elegir si quería ceder o no, ese poder a los demás, si me funcionaba o no.

También me dijo “mi psicólogo me reafirmó la creencia que tengo de que toda la vida voy a tener que estar en comunicación con mi ex porque tenemos hijos en común…” sólo le pude responder:  “las creencias son pensamientos no verdaderos que nosotros hemos decidido creer como reales. Si esa creencia en particular te sirve, si te ha abierto posibilidades en tu vida, adelante, sigue con ella. Pero si creer en eso, darle poder a ese pensamiento, por el contrario, te ha llevado a ver limitada tu posibilidad de acción, a sentirte víctima de las circunstancias y las personas, a ver resultados que no te han funcionado en tu vida, en dónde está el beneficio para seguirse aferrando a ella?”

Un coach ontológico -le respondí- no te diría qué creencias mantener y cuáles soltar; no te diría cómo hacer las coas, y mucho menos sugeriría que para que tu situación cambie y obtengas resultados favorables, tienen que cambiar también los demás. Eso es ceder el poder a los otros. Y en coaching, justamente lo que queremos es que tú tomes el control de tu vida y que aceptes que no son los demás los que tienen que cambiar o las situaciones que se te presentan, sino la forma en cómo decides relacionarte con ellos y las interpretaciones que le das a esos eventos que suceden.

Y sobre todo, un coach ontológico te ayudará a indagar sobre las creencias que te funcionan y las que no te funcionan, para que hagas los cambios necesarios, para que le restes fuerza a los pensamientos que te han estado limitando y en su lugar los sustituyas con declaraciones que te ayuden a recuperar el poder de tu vida.

Y como coach ontológico, no le dije qué tenía que hacer. Simplemente, al estar en una charla casual, expresé las formas de ver el mundo desde la Ontología pero permitiéndole a ella tomar las decisiones que ella creyera más convenientes. Al final de cuentas, nada está bien ni mal, simplemente funciona o no funciona, y si a ella le funciona ir con alguien que ve el mundo desde esa particular postura, qué maravilla!

Recuerda, lo que hay en tu exterior es una manifestación de tu interior. Y si quieres cambiar tus circunstancias, el cambio está en ti y en nadie más.

Si te interesa una sesión de coaching ontológico, mándame un correo a editorial@healthlab.mx